
Zurbarán
07/10/2026 – 25/01/2027
Devoción marianaFrancisco de Zurbarán (1598-1664)
La Inmaculada Concepción, hacia 1660
Óleo sobre lienzo, 166 x 108 cm
Dublín, National Gallery of Ireland, NGI 273
La representación de la Inmaculada Concepción fue uno de los temas más populares de la pintura del siglo 17 español. Por aquel entonces se desató un intenso debate teológico en torno a la creencia de que la Virgen María había sido concebida "inmaculada", es decir, libre del pecado original. A pesar de que esa idea no se declaró dogma hasta 1853, el fomento del culto mariano, proclamado por el papa Alejandro VII en 1661, despertó una importante demanda de imágenes devocionales de la Virgen. Unos años antes, en Sevilla, el pintor y teórico Francisco Pacheco (1564-1644) publicó un tratado de pintura en el que analizaba la influencia del Concilio de Trento en las representaciones artísticas y fijaba un repertorio iconográfico destinado a tener una amplia repercusión.

En la Italia del Renacimiento, el tema se evocó primero como el encuentro de Ana y Joaquín ante la Puerta Dorada, momento en el que, según el relato extraído de los evangelios apócrifos y recogido en La leyenda dorada de Santiago de la Vorágine, la Virgen acaba de ser concebida milagrosamente sin pecado. Esa escena aparece, por ejemplo, en la capilla de los Scrovegni, pintada por Giotto hacia 1303-1305. A finales del siglo 15, Carlo Crivelli rompió con esa iconografía y propuso una representación de la Virgen entronizada con las manos unidas. Una filacteria llevada por ángeles indicaba que la concepción había tenido lugar "ab initio"; es decir, desde el principio. Algunos años más tarde, Luca Signorelli estableció un vínculo entre la Virgen redentora y el pecado. En el retablo que pintó para la iglesia de Cortona, Adán y Eva aparecían, manzana en mano, a los pies de la Virgen, sostenida por querubines.

Los elementos iconográficos detallados en la obra de Pacheco Arte de la pintura asimilaban la Inmaculada Concepción a la mujer descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis de san Juan: "vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando preñada...". A eso se sumaban indicaciones más específicas, por ejemplo, sobre el color del atuendo de la Virgen. Los artistas se ajustarían con mayor o menor rigor a esas normas, pero el surgimiento de un modelo es innegable.

Se conocen trece versiones de la Inmaculada Concepción pintadas por Zurbarán. La conservada en la National Gallery of Ireland de Dublín puede relacionarse con dos obras de madurez fechadas en 1661. La Virgen, resaltada sobre nubes doradas de las que surgen algunos querubines, aparece subida a la Luna y con la cabeza coronada por doce estrellas que simbolizan a los apóstoles. Presenta los rasgos de una muchacha muy joven de larga melena suelta por los hombros que dirige la mirada hacia el cielo y cruza las manos en un gesto de devoción con el que da la impresión de cerrar los dos lados del manto. A sus pies están la Fe, con los ojos tapados, y la Esperanza, que porta un ancla. Sumadas a la Virgen, que encarna la Caridad, representan las tres virtudes teologales. El paisaje inferior incluye otros símbolos marianos como el templo, el jardín cercado, el pozo, la palmera y el ciprés.



