
Zurbarán
07/10/2026 – 25/01/2027
Un silencio con vidaFrancisco de Zurbarán
Bodegón con cidras, naranjas y rosa
Óleo sobre lienzo, 62,2 x 109,5 cm
Los Ángeles, Norton Simon Museum, F.1972.06.P
El bodegón surgió en España como género autónomo a finales del siglo 16, concretamente en la ciudad de Toledo, donde Blas de Prado alcanzó cierto éxito con sus cuadros de frutas, descritos como "muy bien pintados" por el pintor y teórico Francisco Pacheco. La producción, que se desarrolló a lo largo del siglo 17, se caracterizaba por composiciones sencillas sobre un fondo uniforme. La distribución de la luz y de los distintos elementos estructuraba la profundidad espacial. En cuanto al tema, las obras se centraban en la representación fiel de elementos de la naturaleza como frutas, verduras y flores, así como de recipientes de cerámica o metal.

Sin embargo, los bodegones solo suponían una parte de la producción de los artistas, cuya fama posterior se ha centrado casi exclusivamente en este género, como sucede con Juan Sánchez Cotán o Juan van der Hamen. Por otro lado, algunas de esas obras pudieron haber servido de modelo para detalles de otros cuadros considerados más ambiciosos, por el hecho de tratar temas religiosos o históricos. Asimismo, todos los elementos de la composición podían recuperarse de forma independiente. La taza del Bodegón con cidras es, por ejemplo, el único motivo de un cuadro de pequeñas dimensiones conservado en la National Gallery de Londres.

Esa pintura, el Bodegón con cidras, es precisamente la única naturaleza muerta que Zurbarán firmó y fechó. Encima de una mesa de madera encerada vemos alineadas cuatro cidras dentro de un plato de estaño, una cesta de naranjas coronada con ramas de naranjo y una taza de porcelana blanca llena de agua sobre un platillo decorado con una rosa. La luz, procedente del ángulo inferior izquierdo, ilumina esos elementos dispuestos geométricamente creando juegos de contrastes y reflejos que les dan volumen. El virtuosismo de la representación de las texturas, desde la piel rugosa de las cidras hasta el metal pulido, hace tangible la materialidad de los objetos, que se ofrecen a la contemplación.

Durante mucho tiempo, una interpretación exclusivamente religiosa determinó la comprensión de este bodegón. La conjunción de los tres motivos presentes se consideraba una referencia a la Santísima Trinidad. El azahar, la taza de agua clara y la rosa sin espinas podían aludir, por otro lado, a la Virgen. Aunque esa lectura de la obra parezca pertinente, no puede disociarse de un planteamiento más pragmático, vinculado al surgimiento en Sevilla de una clientela acomodada y amante del arte que coleccionaba cuadros decorativos de pequeñas dimensiones destinados a satisfacer los sentidos y decorar los interiores.

La popularidad de los bodegones o naturalezas muertas no dejó de aumentar durante todo el siglo 17, lo que provocó que determinados artistas se especializaran en la producción de cuadros destinados a un mercado en plena expansión. Ese fue al parecer el caso del hijo de Zurbarán, Juan, formado en el taller de su padre. Se le atribuye una veintena de obras, todas ellas bodegones.
Con el objetivo de complacer a una amplia clientela, los temas se diversificaron y pasaron a incluir innovaciones como un servicio de chocolate, que según parece Juan fue el primero en representar, u objetos de importación como porcelanas chinas.


