El salón por excelenciaEl salón Cuadrado

Una de las salas más famosas del Louvre está consagrada a las artes desde hace siglos. ¡Fue este espacio el que dio nombre a todos los salones artísticos! Como su nombre no indica, el salón Cuadrado es en realidad... rectangular. El adjetivo "cuadrado", que tiene que entenderse como equivalente de "ortogonal", indica que se trata de un cuadrilátero regular.
Del rey Sol a la Academia de Pintura y Escultura
El encargado de acondicionar la estancia fue Louis Le Vau, el arquitecto de Luis XIV, que reconstruyó esta parte del Louvre tras el incendio de 1661. El espacio sirve de punto de unión entre dos de las salas más importantes del palacio: la galería de Apolo y la Gran Galería. En 1692, después de que el rey Sol se instalara en el palacio de Versalles, el salón Cuadrado se asignó a la Real Academia de Pintura y Escultura. Los artistas miembros se reunían aquí y organizaban exposiciones en las que presentaban al público sus nuevas creaciones. El "Salón" se convirtió en un destacado acontecimiento del París de la época ¡y de ahí se ha quedado el nombre que todavía hoy se da a las muestras temporales que reúnen a numerosos artistas!

Un lugar de exposición
La organización del salón pasó a ser anual en 1737 y más tarde bienal desde 1747 hasta la Revolución. La multitud se agolpaba para admirar las esculturas presentadas en grandes mesas y los cuadros colgados de las paredes, unos pegados a otros, a veces hasta alcanzar varios metros de altura. Algunos hombres de letras, como Diderot, se convirtieron en cronistas y creaban y hundían reputaciones. ¡Aparecía así la crítica de arte!
En 1789, la sala se transformó para mejorar la presentación de las obras y, en especial, la iluminación. Se acondicionó un techo acristalado para permitir la entrada de luz natural, que, al ser suave y uniforme, resultaba ideal para contemplar los cuadros. El salón Cuadrado pasó a ser entonces una de las primeras salas del mundo con iluminación cenital.

Del salón al museo
Después de la Revolución francesa, el Salón, que hasta entonces había estado reservado a los miembros de la academia, se abrió a los demás artistas (a los que debía aprobar un jurado muy temido): el nuevo Salón de los Artistas Vivos se celebró en el salón Cuadrado hasta 1848, cuando, debido a la falta de espacio para ubicar una cantidad cada vez superior de obras, abandonó el Louvre.
El arquitecto Félix Duban reformó entonces el espacio para transformarlo en una de las salas más espléndidas del Museo del Louvre. La magnífica decoración del techo mostraba todos los matices posibles del azul y el dorado. Las esculturas de estuco realizadas por Pierre-Charles Simart eran un homenaje a las artes: la arquitectura, la pintura, la escultura y el grabado. Los cartuchos muestran el nombre de los artistas más famosos de la época.

¡Vamos al Louvre!
¿Sabías que...?
Boda imperial
El salón Cuadrado ha sido escenario de hechos históricos muy destacados. El 2 de abril de 1810, se transformó en capilla para acoger la boda de Napoleón y María Luisa de Austria. Como Napoleón estaba divorciado, la ceremonia no podía celebrarse en una iglesia; así pues, la misa nupcial tuvo lugar en el salón Cuadrado, especialmente decorado para la ocasión. A pesar de las reticencias del director del museo, Dominique Vivant-Denon, incluso se retiraron excepcionalmente los cuadros de las paredes.

Una locomotora en la decoración
¡Con las obras realizadas por Félix Duban, la modernidad irrumpió en el Louvre! La decoración del techo exaltaba las artes, pero también la prosperidad de Francia, mediante trofeos que encomiaban la agricultura, el comercio y la industria. Esta última estaba simbolizada por un invento reciente: ¡la locomotora de vapor! El tren hacía así su estruendosa entrada en la historia del arte.

La majestuosa llegada de la pintura italiana
Bajo esa fastuosa decoración del siglo 19, el salón Cuadrado acoge desde 1971, tras una reforma a cargo de los arquitectos Paulin, Motte y Monpoix, una parte de la vasta colección de pintura italiana del Louvre. Se encuentran aquí, en especial, las obras emblemáticas de los primitivos italianos, es decir, los grandes maestros de los inicios del Renacimiento, con lo que se ofrece una panorámica excepcional del arte del Trecento y el Quattrocento. El salón Cuadrado alberga, entre otras cosas, las obras maestras La Virgen y el Niño en majestad de Cimabue, San Francisco de Asís recibiendo los estigmas de Giotto, La coronación de la Virgen de Fra Angelico o La batalla de San Romano de Uccello.
¿Sabías que...?
Tres cuadros para tres grandes museos
La batalla de San Romano de Paolo Uccello pertenece a un ciclo de tres pinturas que conmemoran la batalla en la que los habitantes de Florencia se enfrentaron a los de Siena en 1432. El primer panel, conservado en la National Gallery de Londres, representa el principio de las hostilidades, mientras que en el tercero, que se encuentra en la galería Uffizi de Florencia, aparece la derrota de los sieneses. El panel central del Louvre muestra a Micheletto da Cotignola a lomos de su caballo negro encabritado, lanzando la ofensiva. El ejército se pone en marcha en una escena que parece suceder a cámara lenta: los jinetes todavía inmóviles de la derecha se disponen a seguir a los de la izquierda, que ya han inclinado las lanzas. Así, Ucello dejó su marca en el Quattrocento gracias a su búsqueda del movimiento y la perspectiva.

Seguir explorando…

La pintura italiana en perspectiva
La Gran Galería

Tres siglos de escultura italiana
La galería Miguel Ángel





